Un estudio científico realizado en Gibraltar encendió una fuerte alarma sobre el impacto humano en la fauna silvestre. Investigadores detectaron que los famosos macacos de la zona comenzaron a ingerir tierra y arena como forma de aliviar trastornos digestivos provocados por alimentos ultraprocesados que reciben de turistas y visitantes.
El hallazgo sorprendió a la comunidad científica porque se trata de una conducta conocida como “automedicación animal”, un comportamiento observado en distintas especies cuando buscan plantas, minerales o sustancias naturales para combatir malestares físicos. En este caso, los monos estarían recurriendo al suelo para compensar los efectos negativos de una dieta que no forma parte de su alimentación natural.
Según explicaron los especialistas, durante años los macacos fueron alimentados con galletitas, golosinas, snacks salados, panificados y restos de comida humana. Aunque muchas veces se trata de una acción aparentemente inofensiva por parte de los turistas, las consecuencias pueden ser graves: aumento de peso, alteraciones digestivas, dependencia del ser humano y cambios de comportamiento.
Los investigadores observaron que varios ejemplares seleccionaban determinadas zonas del terreno para consumir pequeñas cantidades de tierra y arena, algo que podría ayudarlos a absorber toxinas, regular la acidez estomacal o mejorar molestias intestinales. Este tipo de respuesta ya fue documentado en otros animales, pero el caso de Gibraltar genera especial preocupación porque estaría directamente relacionado con hábitos humanos.
Los macacos de Gibraltar son una de las principales atracciones turísticas del lugar. Cada año miles de personas se acercan para fotografiarlos y, pese a las advertencias oficiales, muchos continúan dándoles comida. Las autoridades locales incluso aplican multas para quienes alimenten a los animales, precisamente para evitar daños sanitarios y conductuales.
Para los expertos, este caso deja una enseñanza contundente: intervenir en la dieta de animales salvajes nunca es un gesto inocente. Lo que parece una simple galletita o una golosina puede alterar por completo la salud de una especie acostumbrada a otro entorno y otro tipo de nutrición.
El estudio también abre una reflexión más amplia sobre cómo la presencia humana modifica ecosistemas enteros. En este caso, los monos no solo cambiaron su dieta, sino que desarrollaron nuevas estrategias para sobrevivir a las consecuencias de nuestra propia conducta.


