La construcción de la nueva planta transformadora de energía eléctrica en Ayacucho transita su etapa final y se perfila como una obra estratégica no solo para mejorar el servicio, sino también para empezar a delinear un perfil productivo con mayor proyección industrial.
Ubicada a unos 800 metros del área urbana, sobre calle Miguens en dirección a la Ruta Provincial N° 50, esta infraestructura permitirá la conexión directa con la red de alta tensión, beneficiando a Ayacucho, Rauch y localidades rurales como Casalins, Langueyú y Udaquiola.
Desde lo técnico, el salto es significativo: la estación operará en 132 kV y contará con una potencia instalada de 60 MVA, lo que multiplicará por seis la capacidad energética actual. En términos concretos, esto se traducirá en un servicio más estable, eficiente y con mayor margen para responder a la demanda creciente.
Pero el impacto de esta obra va más allá de lo inmediato. Si bien todavía se requieren nuevas inversiones y políticas complementarias para generar condiciones óptimas, la disponibilidad de energía es uno de los factores determinantes a la hora de atraer empresas y fomentar la radicación industrial. En ese sentido, esta planta comienza a cubrir una deuda histórica y se convierte en una pieza fundamental para pensar un Ayacucho que no solo crezca, sino que también produzca.
En los últimos días, el intendente Emilio Cordonnier, junto al jefe de Gabinete Hernán Naveyra y el secretario de Obras Públicas Ignacio Durcodoy, mantuvieron un encuentro con autoridades de EDEA S.A. para avanzar en aspectos técnicos y logísticos que permitan su pronta puesta en funcionamiento.
La obra marca un antes y un después: no solo garantizará un mejor servicio para los vecinos, sino que también abre la puerta a nuevas oportunidades. Porque sin energía suficiente no hay industria posible, y con esta central, Ayacucho empieza a dar un paso firme en ese camino.


