Carlos Aníbal Roldán nació el 7 de abril de 1963, en el seno de una familia trabajadora conformada por María Adelina Riela y Abdón Roldán. Creció acompañado por diez hermanos, en un hogar donde desde muy pequeño aprendió valores que lo acompañarían toda la vida: el trabajo como ejemplo cotidiano y la honradez como principio irrenunciable.
Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 3 “Juan Bautista Alberdi”, y con apenas 15 años dio sus primeros pasos en el mundo laboral al emplearse en el comercio “Súper Centro”, ubicado por entonces en Leandro N. Alem 925, iniciando una trayectoria que siempre lo encontró vinculado al esfuerzo y la responsabilidad.
Más tarde fue convocado a cumplir con el Servicio Militar Obligatorio en el Batallón Logístico de Tandil. Cuando ya se encontraba próximo a recibir la baja, el conflicto del Atlántico Sur modificó abruptamente su destino: la Argentina desembarcó en las Islas Malvinas y Carlos Aníbal, como tantos otros jóvenes ayacuchenses, fue nuevamente convocado. Permaneció acantonado en una unidad patagónica y en el colegio salesiano “Don Bosco” de Viedma, a la espera de un posible traslado al teatro de operaciones, hasta la finalización del conflicto bélico.
De regreso a la vida civil, retomó su camino laboral en distintos emprendimientos locales. Trabajó en la panadería “La Central”, en la fábrica de alfajores “Eddy”, del recordado Nelson Scandroli, y luego en la fábrica de pan y facturas “Santa Mónica”, ubicada en la esquina de Belgrano y Aristóbulo del Valle, a cargo de Oscar Fernández. En estos comercios se desempeñó durante más de veinte años, ganándose el respeto y la confianza de sus empleadores gracias a su capacidad, constancia y compromiso.
El sábado 10 de enero, por la mañana, lo encontramos en la sede del Club de Leones, ubicada en Sarmiento y 25 de Mayo. Allí, Carlos Aníbal cumple desde hace doce años la función de encargado del lugar. “Mi trabajo consiste en cuidar las instalaciones, recibir a quienes vienen por distintos motivos, e incluso atender la calesita”, contó. Cabe recordar que el carrusel fue adquirido y restaurado por el Club de Leones e instalado originalmente en el predio de la Sociedad Rural, bajo la responsabilidad de Carmelo Cipolla, siendo hoy parte entrañable de la memoria colectiva local.
Atento, servicial y querido por quienes lo conocen, Carlos Aníbal Roldán es de esas personas que construyen comunidad desde lo cotidiano, con una forma franca, cordial y silenciosa de hacer, dejando huella sin necesidad de estridencias.


