En España quedaron perplejos con un concepto teórico innovador con el que Javier Milei deleitó a la audiencia de la Cumbre Iberoamericana a la que el presidente argentino asistió el jueves en Madrid.
En el programa La Sexta Clave, emitido por el canal La Sexta, uno de los más vistos de España, el presentador Joaquín “Jokin” Castellón se refirió a un fragmento del discurso que el libertario ofreció a una audiencia integrada por el Rey Felipe VI y otras autoridades como el presidente español Pedro Sánchez.
“Milei pues ha dado una lección de filosofía política. Si tienen cuaderno para apuntar, este es el momento para sacarlo porque escuchen”, dijo Castellón, antes de reproducir el fragmento.
“Que los fascistas estén a la derecha de la extrema izquierda no hace que dejen de ser socialistas. Y que alguien que está en la derecha no es extrema derecha, sino que está mostrando la posición de la extrema izquierda”, dijo Milei.
La pantalla se congeló y se hizo un silencio absoluto en el estudio. Castellón se llevó una mano a la barbilla, frunció el ceño y miró a a su alrededor, genuinamente descolocado, tratando de porcesar lo que acababa de escuchar. Luego de varios segundos, propuso: “Vamos a volver a verlo”.
En la segunda reproducción del discurso se incluyó una transcripción de las palabras de Milei. “Bueno, pues una vez escrito se entiende todo muchísimo mejor”, remató el presentador español.
El presidente leyó su discurso, que luego fue transcripto y enviado a todo el planeta por el equipo de comunicación de Presidencia. La opción por la lectura del discurso encierra dos interpretaciones principales.
La última vez que el Jefe de Estado habló en público sin leer, pidió quemar a los periodistas críticos del gobierno en la hoguera, una propuesta que los estrategas del gobierno prefirieron acotar en las apariciones ulteriores de Milei, bajo el pretexto de que la quema de profesionales de la comunicación puede jugarle en contra al libertario en la campaña.
La segunda interpretación, que no se contradice con la primera, es que la profundidad de los conceptos que el presidente vertió en Madrid no podía desperdiciarse con los errores clásicos de la oratoria improvisada.

