La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra cotidianeidad. Los alumnos en las escuelas la utilizan para resolver ecuaciones y responder consignas; los docentes, incluso, para armar proyectos o trabajos prácticos. Los medios de comunicación pueden utilizarla para corregir y confeccionar textos, algunos recurren a ella para buscar una receta y otros hasta para preguntar qué puede significar un dolor que sienten en determinada parte del cuerpo.
No está mal que adoptemos la inteligencia artificial como una herramienta propia. Puede servir para realizar determinadas consultas, facilitar tareas y, sobre todo, agilizar tiempos.
Sin embargo, antes de meternos en la polémica que surgió en nuestra ciudad durante las últimas horas, es necesario aclarar algunas cuestiones.
¿Qué debemos saber de la IA y de ChatGPT?
ChatGPT está diseñado para generar respuestas útiles ante las consultas que recibe, pero esto no garantiza que esas respuestas sean siempre correctas.
La herramienta puede cometer errores, interpretar incorrectamente una pregunta, utilizar información desactualizada o incluso presentar como verdadero un dato que no lo es. Por este motivo, recibir una respuesta de ChatGPT no significa que esa información haya sido comprobada. En temas importantes, los datos deben ser contrastados con fuentes confiables.
Comprender esto es fundamental, sobre todo cuando hablamos de utilizar inteligencia artificial en ámbitos profesionales y, particularmente, en áreas sensibles como la salud.
La IA es una herramienta creada por seres humanos y entrenada a partir de enormes cantidades de información. Que pueda responder una pregunta no quiere decir que comprenda una situación de la misma manera que lo hace un profesional, ni que sus respuestas deban ser tomadas automáticamente como correctas.
¿Qué pasó en Ayacucho?
En las últimas horas se viralizó en redes sociales la publicación de una vecina que aseguró que un médico de Ayacucho habría utilizado ChatGPT durante una consulta para intentar identificar un posible diagnóstico.
Según relató la mujer en su publicación: “Le sacó una foto, la subió al chat y el chat le dio tres respuestas, incluso le preguntó qué recomendaba”.
Hasta el momento, se trata del relato realizado públicamente por la vecina y no contamos con una versión oficial que permita determinar en qué contexto se habría utilizado la herramienta, ni si la respuesta obtenida mediante inteligencia artificial fue efectivamente empleada para establecer un diagnóstico o tratamiento.
Una herramienta que no debería reemplazar el criterio profesional
Como mencionamos anteriormente, es sabido que la inteligencia artificial ya se utiliza en numerosos ámbitos, incluso profesionales. La discusión no necesariamente pasa por prohibir su utilización, sino por preguntarnos cómo y hasta dónde debería utilizarse.
Una inteligencia artificial puede brindar información, ordenar datos, plantear posibilidades o funcionar como una herramienta complementaria. Pero una respuesta generada por IA puede ser incorrecta y, utilizada sin los controles correspondientes en un diagnóstico médico, podría conducir a conclusiones equivocadas.
Y aquí aparece un punto central: la inteligencia artificial difícilmente pueda reemplazar el pensamiento crítico humano, el análisis de un médico, su formación, la observación de un paciente y los conocimientos adquiridos durante años de estudio y ejercicio profesional.
Lo mismo puede pensarse en otras profesiones. Una IA puede convertirse en una herramienta para un abogado, un contador, un periodista, un docente o un médico, pero eso es muy diferente a reemplazar el análisis y el criterio de ese profesional.
La tecnología avanza y seguramente continuará incorporándose a nuestras actividades cotidianas. El desafío quizás no sea dejar de utilizarla, sino aprender a establecer sus límites.
Porque cuando una herramienta comienza a reemplazar el pensamiento crítico, el estudio y el criterio de un profesional, el margen de error puede adquirir otra dimensión, especialmente cuando detrás de una respuesta hay decisiones que afectan directamente a una persona.
A raíz de la publicación que circuló en las últimas horas, queda también una pregunta que hasta el momento no tuvo una respuesta pública de las autoridades: ¿qué límites existen para la utilización de herramientas de inteligencia artificial por parte de profesionales, especialmente cuando se trata de decisiones vinculadas con la salud?
