San Francisco, la ciudad que Martín Llaryora usó durante años como ejemplo de gestión, desarrollo productivo y diálogo con el sector privado, empieza a transformarse en una postal de la tensión entre el peronismo cordobés y Javier Milei: dos empresas emblemáticas atraviesan una crisis que expone el costo concreto de la apertura económica impulsada por Javier Milei: ZF Argentina y Karikal.
La situación de ambas firmas no sólo enciende alarmas laborales y sociales, sino que también suma tensión a la disputa política entre la Casa Rosada y el Panal. Mientras Milei acelera la liberalización comercial como eje central de su programa económico, en Córdoba Llaryora intenta pararse como el referente de un “federalismo productivo” que reclama reglas de juego menos asimétricas para la industria nacional. San Francisco, bastión llaryorista, se convirtió así en un campo de batalla silencioso de ese choque de modelos.
El caso más pesado es el de ZF Argentina, la histórica fábrica de amortiguadores radicada en la ciudad desde hace décadas que desde 2003 integra el poderoso grupo alemán ZF. Hoy tiene una particularidad estratégica: es la única fábrica del holding en Sudamérica que produce amortiguadores.
La apertura importadora acelerada está golpeando de lleno a la cadena automotriz y ZF quedó en el centro de la tormenta. Andrés Fava, director general de la filial local, lo dijo sin rodeos: la liberalización se está dando de manera “desequilibrada” y amenaza la supervivencia de la industria manufacturera.
Los números que maneja la empresa son demoledores. En 2024 ingresaron al país casi 525 mil amortiguadores importados; en 2025 la cifra saltó a 2,1 millones. Un crecimiento cercano al 300% en apenas un año. La mayoría de esos productos llegan desde Asia, principalmente China, con precios que la producción local no puede igualar. “Hay productos muy buenos, pero también mucha porquería”, lanzó Fava, sintetizando el malestar que se repite en las plantas industriales del interior.
El problema, advierten en ZF y en la Unión Industrial Argentina, no es sólo el precio final, sino la famosa “cancha inclinada”: presión impositiva acumulada, costos laborales no salariales elevados y la ausencia total de una política industrial que compense esas desventajas. “Si trabajáramos con las mismas condiciones que China, podríamos tener un producto igual o más barato”, graficó el directivo.
ZF emplea a unas 420 personas entre personal permanente y temporario. Cerca de la mitad de su producción se exporta y abastece a terminales de toda la región: de cada 100 camiones que se fabrican en Sudamérica, 60 llevan amortiguadores producidos en San Francisco. Sin embargo, el golpe más fuerte se siente en el mercado interno de reposición, saturado por importaciones a precios artificialmente bajos.
La empresa ya ajustó sus proyecciones y admite una caída de producción similar a la que sufrió en 2021, cuando el problema era exactamente el inverso: la imposibilidad de importar insumos. “Antes nos ahogaban por falta de importaciones; ahora por exceso”, resumen puertas adentro. Por ahora, la estrategia es adelantar programas de producción para evitar despidos, aunque el propio Fava lo admite: “Es pan para hoy y hambre para mañana”.
A pocas cuadras de ZF, otra crisis sacude el entramado productivo local. Karikal, empresa con más de 60 años de historia en San Francisco y dedicada a la fabricación de insumos para la industria del mueble, el revestimiento y la construcción en seco, notificó a sus trabajadores que presentará un Procedimiento Preventivo de Crisis. La firma tiene dos plantas en la ciudad y emplea a unos 90 trabajadores.
Karikal explicó que la medida busca evitar decisiones más drásticas y preservar las fuentes de trabajo. Desde la empresa reconocen un combo explosivo: caída sostenida del consumo, aumento de costos, falta de previsibilidad y una apertura importadora que suma competidores que no pagan el “costo argentino”. “Los industriales no peleamos en iguales condiciones con los de afuera”, repiten.
El ahogo financiero ya tiene consecuencias concretas: dificultades para afrontar obligaciones corrientes, como el pago de vacaciones y otros conceptos salariales. En los próximos días se realizará la primera audiencia ante el Ministerio de Trabajo, con participación del gremio Uoyep y del Estado provincial.
El contraste es brutal. En octubre de 2025, Karikal anunciaba un ambicioso plan de expansión, con una inversión de 1.200 millones de pesos para construir una nueva planta en Brasil. Menos de un año después, la empresa activa un PPC para sobrevivir.




