La economía argentina quedó al borde de una nueva recesión y Luis Caputo encontró un motivo para festejar. El ministro de Economía destacó que la actividad creció 0,1% en agosto respecto de julio, aunque el dato del INDEC confirmó que la recuperación fue prácticamente inexistente después del derrumbe del mes anterior.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una caída interanual del 1,7% en agosto. En julio, la actividad se había desplomado 2,8% mensual. La mejora posterior de apenas una décima dejó a la economía prácticamente en el mismo lugar. Peor todavía, el indicador tendencia-ciclo permaneció estancado.
El dato más inquietante aparece cuando se observa el recorrido del año. La economía acumulaba un crecimiento interanual del 2,2% hasta junio. En julio se redujo al 1,7% y en agosto cayó al 1,2%. En apenas dos meses, el crecimiento acumulado perdió un punto porcentual.
El deterioro también se observa en la composición de la actividad. De los quince sectores relevados por el INDEC, diez registraron caídas interanuales. La industria manufacturera retrocedió 3,2% y el comercio mayorista y minorista cayó 3,5%. Entre ambos explicaron una contribución negativa de 0,9 puntos porcentuales al índice general. La minería, en cambio, creció 11,1%, mientras que electricidad, gas y agua avanzó 4,3% y hoteles y restaurantes mejoró 3,1%.
Es la misma economía partida que muestran otros indicadores: los sectores vinculados con los recursos naturales sostienen parte de la actividad mientras la producción industrial y el mercado interno agonizan.
Pero el contraste más revelador está en las publicaciones del propio Caputo. Hace apenas un mes, el 24 de septiembre, el ministro celebró que la economía había crecido 1,7% en los primeros siete meses del año. Incluso destacó que el indicador tendencia-ciclo había alcanzado un nuevo máximo histórico, pese a que el dato mensual mostraba un derrumbe del 2,9%, luego revisado a 2,8%.
Para justificar semejante caída, Caputo recurrió a una explicación singular. Según escribió entonces, la actividad había sufrido distintos shocks transitorios: la menor disponibilidad de gas para la industria, las lluvias y nevadas que afectaron la construcción y la minería, y hasta las menores horas trabajadas durante el Mundial de fútbol.
Un mes después, el Mundial terminó y la economía sigue sin reaccionar. La caída de julio no fue compensada por agosto y el propio indicador tendencia-ciclo, que Caputo había utilizado para defender la fortaleza de su programa, ahora muestra una variación de cero. El ministro volvió a destacar el dato que le resultaba favorable, pero esta vez evitó poner el foco en el estancamiento de la tendencia.
La contradicción se profundiza con sus declaraciones de principios de octubre, cuando aseguró que la Argentina no estaba en recesión sino que crecía a un ritmo menor. En aquella oportunidad sostuvo que la tendencia-ciclo era la medida más representativa y pronosticó una mejora de la actividad en agosto y septiembre.
El problema es que los números no acompañan ese optimismo. El economista Gabriel Caamaño advirtió que el EMAE de agosto resultó “mucho peor de lo esperado” porque prácticamente no recuperó nada de la fuerte caída de julio. Además, señaló que las proyecciones de crecimiento para 2026 deberán corregirse nuevamente a la baja, en un contexto en el que se agota el arrastre estadístico favorable de 2025.
“Mucho peor de lo esperado el EMAE de agosto de 2026, cuya serie con ajuste estacional casi no se recuperó respecto de la caída fuerte de julio. Además, esta última prácticamente no se modificó”, apuntó Caamaño.
Por su parte, Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, lo puso en números. Según su cálculo, para evitar una recesión técnica la economía necesitaría crecer más de 8,5% mensual en septiembre. Una recuperación de esa magnitud luce extremadamente improbable.
Carrera agregó que incluso con una expansión del 1,5% mensual en septiembre, el tercer trimestre cerraría con una contracción del 2,3%. Es decir que una recuperación considerablemente mayor a la registrada en agosto tampoco alcanzaría para revertir el deterioro.
El dato es especialmente sensible porque el PBI ya había retrocedido 0,6% durante el segundo trimestre. Si entre julio y septiembre se confirma otra caída, la economía acumulará dos trimestres consecutivos de contracción, la definición habitual de una recesión técnica.
Hay otro elemento que complica el relato oficial. En diciembre de 2025, el EMAE desestacionalizado había alcanzado un índice de 156 puntos. En agosto de 2026 se ubicó en 149,9. Esto significa que la actividad está 3,9% por debajo del cierre del año pasado. El crecimiento acumulado interanual que celebra Caputo convive, por lo tanto, con una economía que retrocedió durante buena parte de 2026.
