La suba de tasas y la inflación por la guerra amplifican las fragilidad del modelo de Caputo

El rumbo económico se resiente donde menos margen tiene. Son dos puntos de apoyo muy precisos. Dos pilares críticos: la inflación y la tasa de interés. Ahí es donde el programa económico se sostiene. Y ahí es donde ahora aparecen las fisuras. 

Por el lado de las tasas, el problema es doble. Viene de afuera y también de adentro. El mundo se endureció. Suben los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, se amplían los spreads de emergentes y el crédito se encarece. 

  La Reserva Federal decidió sostener tasas altas por más tiempo. Desde que el Banco de Japón abandonó las tasas negativas, no dejó de subirlas. El Banco Central Europeo adviertió que la guerra complica la baja de la inflación. Australia también ajustó. El dinero dejó de ser barato. Y eso pega directo en países que necesitan financiamiento. Ahí aparece la fragilidad argentina.  

Caputo ahora busca un salvataje de Israel e Italia y el mercado sospecha que el swap del Tesoro está caído



“La TIR de los globales tocó el 10%. Preparáte para lo que va a marcar el riesgo país el lunes”, comentó a LPO una fuente del mercado.

 

La guerra en Medio Oriente mete presión. Pero en Argentina el movimiento es más intenso. De acá a fin de año, el país enfrenta vencimientos por unos 15.000 millones de dólares. En 2027, otros 28.000 millones. Con este nivel de tasas, el financiamiento necesario para cumplir esos compromisos se vuelve más caro o directamente inaccesible. La tasa deja de ser una variable financiera y pasa a ser una restricción política. 

La TIR de los globales tocó el 10%. Preparáte para lo que va a marcar el riesgo país el lunes.

Pero no es solo el mundo. La consultora 1816 advierte que la suba del riesgo país no se explica únicamente por el contexto global. Hay factores propios. La carga de vencimientos en dólares funciona como un techo. Y la estrategia oficial, que insinuó un regreso rápido al crédito internacional, chocó con la realidad. Los dólares “identificados” no aparecen. Y el mercado lo toma nota. 

El segundo punto de apoyo es la inflación. Y ahí también hay un doble impacto. La guerra presiona sobre los precios de la energía. Pero la dinámica interna es igual de determinante. La desinflación se frenó hace ocho meses y marcó un cambio de tendencia. 

Incluso en voces encolumnadas con el oficialismo aparecen señales de alerta. Fernando Marull, uno de los economistas más alineados, fue explícito: “La economía no está mejorando, está bastante floja”. Según Marull la aceleración de precios volvió a erosionar los salarios reales y el consumo sigue estancado. “Marzo podría cerrar por encima del 3%”, proyectó. 

Ese dato tiene un peso político mayor al que parece. Porque la inflación es el principal activo del programa. Es el argumento que justifica el ajuste. La lógica fue clara desde el inicio: pagar un costo alto en actividad y en ingresos para estabilizar los precios. Si ese resultado se diluye, el contrato implícito empieza a resquebrajarse. 





En Dock Sud licitan de nuevo el dragado para habilitar el ingreso de los chinos