Keiko Fujimori comenzó a vivir un mal de época. Su imagen cayó de manera estrepitosa a sólo tres meses de haber llegado al poder en Perú.
Según la última encuesta de la consultora brasileña Atlas Intel, la presidenta de Perú sufrió una caída de 7 puntos en un mes y su aprobación pasó del 37,6 a 30,6. En paralelo, el rechazo se disparó del 35 al 50,2 por ciento, una suba de más de 15 puntos.
A su vez, el 50 por ciento de ls encuestados considera que la situación económica de su familia está y un 62 piensa lo mismo sobre el rumbo del país. En esa línea, el 64 por ciento entiende que el mercado de trabajo está mal.
Entre los problemas principales, el 58,8 por ciento de los peruanos eligió la corrupción, el 42,2 la inseguridad y el 26,1 de educación. Más atrás aparece debilitamiento de la democracia (21,1%), inflación (15,9%) y pobreza y desempleo (15,6%).
Confirman la victoria de Keiko y el fujimorismo vuelve al poder
En junio, Fujimori se alzó con el triunfo de la elección presidencial más compleja de la historia de Perú, que tuvo a un total de 35 candidatos, lo que hizo que se dispersase el voto. Ella fue la más votada de la primera vuelta con apenas el 17,19 % de los votos, seguido del 12,03 % de Sánchez, a quien derrotó en el balotaje por una diferencia de 49.641 votos.
Kieko heredó una década de inestabilidad poítica donde Perú ha tenido ocho presidentes en diez años, por una sucesión de destituciones presidenciales promovidas desde el Parlamento, la mayoría de ellas con votos del fujimorismo.
Sánchez lideró una protesta en Perú e insiste con que hubo fraude
Será el regreso del fujimorismo al poder después de veitincinco años desde que padre dimitiese por fax desde Japón, luego de que se destapase un gigantesco escándalo de corrupción en su administración que lo llevó posteriormente a ser condenado a 25 años de cárcel por ello y por delitos de lesa humanidad.
Sim embargo, como ocurre con José Antonio Kast en Chile, la líder peruana se está quedando sin crédito social en poco tiempo y su figura entró en la etapa de desgaste que atraviesan todos los gobiernos de la región.
