La convocatoria de vecinos en Plaza Colón para reclamar soluciones a los ruidos molestos y las maniobras peligrosas de motociclistas tuvo una participación muy reducida. La escasa presencia ciudadana abrió nuevos interrogantes sobre el compromiso de la comunidad, la responsabilidad del Ejecutivo municipal, el papel de la Justicia y la participación de los distintos sectores políticos. Sin embargo, una convocatoria fallida no significa necesariamente que el problema haya dejado de preocupar.
Durante la tarde de este domingo 25 de octubre, asistimos a la movilización convocada en Plaza Colón por vecinos que buscaban reclamar medidas concretas frente a una problemática que, durante los últimos meses y especialmente los fines de semana, generó numerosas quejas, discusiones y expresiones de malestar en las redes sociales.
La convocatoria se había difundido con varios días de anticipación y pretendía transformar ese descontento en un reclamo colectivo. Sin embargo, la realidad fue muy diferente de lo que podía esperarse: apenas un puñado de vecinos se acercó al lugar. Una asistencia que prácticamente podía contarse con los dedos de las manos.
También estuvieron presentes funcionarios municipales y concejales del oficialismo y de La Libertad Avanza. En cambio, no se observó la participación de representantes del espacio peronista, una ausencia que también merece ser analizada, aunque no permite concluir por sí sola que esos dirigentes desconozcan la problemática.
¿La escasa convocatoria significa que las motos no molestan?
Esta es, posiblemente, la primera pregunta que surge después de lo ocurrido.
Ayacucho no se caracteriza históricamente por protagonizar grandes movilizaciones sociales, salvo determinadas excepciones. Por eso, interpretar la reducida asistencia como una demostración de que el problema no interesa sería una conclusión apresurada.
Pero tampoco corresponde ignorar la contradicción: mientras las redes sociales se llenan de reclamos por los escapes libres, las aceleraciones y las maniobras peligrosas, cuando aparece la oportunidad de expresar ese malestar públicamente, la participación resulta mínima.
¿Por qué sucede esto? ¿Existe resignación? ¿Los vecinos desconfían de que una movilización pueda cambiar algo? ¿Hay temor a exponerse públicamente? ¿O simplemente resulta más sencillo manifestar el enojo desde una pantalla?
Son interrogantes que también debería hacerse la propia comunidad.
El Ejecutivo: ¿qué se hizo durante tantos años?
La presencia de funcionarios municipales en la convocatoria merece ser reconocida, pero también abre una discusión inevitable.
El oficialismo lleva aproximadamente quince años al frente del Municipio. Durante ese período, la problemática de las motocicletas no ha sido desconocida ni surgió repentinamente en las últimas semanas.
Entonces, ¿qué medidas se adoptaron durante todos estos años? ¿Por qué los controles no consiguieron evitar que la situación se repitiera? ¿Qué faltó: herramientas legales, recursos, planificación o continuidad en las decisiones?
Desde el Ejecutivo se han informado operativos, infracciones y secuestros de vehículos. También se recurrió recientemente al apoyo de grupos policiales especializados. Son intervenciones concretas, pero su existencia no significa necesariamente que hayan logrado una solución sostenida.
Según una expresión atribuida al intendente, quienes se quejan en redes sociales representarían apenas el 1% de la población. Si esa afirmación fue realizada en esos términos, sería importante conocer qué información permite sostener ese porcentaje.
Porque tampoco sería razonable minimizar un reclamo únicamente por la cantidad de personas que lo expresan.
La responsabilidad de gobernar incluye atender problemas que afectan la convivencia, incluso cuando quienes los padecen no se movilizan masivamente.
La Justicia y una responsabilidad que no puede quedar afuera
El análisis tampoco puede limitarse exclusivamente al Ejecutivo municipal.
Cuando existen conductas que podrían constituir delitos, intervienen competencias policiales y judiciales que exceden las atribuciones del gobierno local.
Por eso también corresponde preguntarse qué respuestas se están brindando desde esos ámbitos, qué ocurre con las actuaciones iniciadas y cómo se coordinan las distintas instituciones para evitar que las situaciones se repitan.
Esto no implica atribuir responsabilidades judiciales sin conocer expedientes concretos, sino reclamar información sobre el funcionamiento institucional.
Una solución de fondo requiere controles municipales, intervención policial cuando corresponda y respuestas judiciales ajustadas a la ley, además de prevención y educación vial.
¿Y dónde estuvieron los demás representantes políticos?
La ausencia de concejales o referentes del peronismo durante la concentración también dejó interrogantes.
¿No consideraron necesario acompañar el reclamo? ¿Existieron otras razones que explicaran su ausencia? ¿Qué propuestas tienen para abordar esta situación?
Participar de una movilización no constituye una obligación para ningún dirigente, y la ausencia física no demuestra desinterés. Sin embargo, quienes representan políticamente a la comunidad tienen la responsabilidad de ofrecer alternativas y expresar posiciones sobre los asuntos que preocupan a los vecinos.
El problema de las motos no debería transformarse en una discusión partidaria. Es una cuestión de convivencia que requiere aportes del oficialismo y de la oposición.
El silencio de los vecinos también invita a reflexionar
Quizás uno de los aspectos más significativos de la jornada haya sido precisamente la falta de acompañamiento ciudadano.
La vecina que impulsó la convocatoria intentó trasladar al espacio público un reclamo que había adquirido considerable repercusión. Sin embargo, ese malestar expresado en redes no se tradujo en presencia.
Sería injusto responsabilizar a quienes no asistieron, porque cada persona tiene sus motivos. Pero la situación invita a reflexionar sobre la distancia entre reclamar soluciones y participar colectivamente para exigirlas.
Las autoridades tienen responsabilidades institucionales que no desaparecen por la falta de movilización. Al mismo tiempo, una comunidad comprometida puede contribuir a impulsar respuestas y sostener los reclamos en el tiempo.
Una convocatoria pequeña frente a un problema todavía pendiente
Durante los últimos días se registraron momentos de mayor tranquilidad, especialmente después de distintos operativos. No obstante, antecedentes recientes muestran que la reducción temporaria de los ruidos no garantiza que el problema esté resuelto.
La movilización de este domingo no logró reunir a una cantidad significativa de vecinos. Ese es un hecho que merece ser contado sin exageraciones.
Pero sería igualmente equivocado utilizarlo para concluir que las motos no molestan o que la comunidad está conforme.
La pregunta no debería ser solamente por qué fueron tan pocos, sino qué hará cada sector para que el problema deje de repetirse.
El Ejecutivo deberá explicar qué estrategia sostenida propone; las instituciones policiales y judiciales, dentro de sus competencias, deberán dar respuestas; los representantes políticos tendrán que aportar propuestas y la comunidad también deberá reflexionar sobre sus formas de participación.
Porque una marcha puede fracasar en convocatoria, pero eso no resuelve aquello que motivó su realización.
Y mientras las respuestas definitivas no aparezcan, los interrogantes seguirán presentes, aunque en Plaza Colón se hayan reunido apenas unos pocos vecinos.
