“La salud no puede transformarse en una humillación”: fuerte descargo de un vecino contra el área social del Hospital

Alejandro Oscar Almange hizo público en las últimas horas un extenso descargo dirigido hacia integrantes del área social vinculada al Hospital Municipal, donde denunció situaciones de destrato, falta de empatía y demoras en autorizaciones médicas que, según expresó, terminaron afectando tanto su salud como la de su hijo.

En el escrito, Almange apuntó directamente contra Karina Allende y Norma Cora, asistentes sociales con quienes aseguró haber tenido reiteradas experiencias negativas cada vez que debió presentarse para solicitar autorizaciones médicas o ayuda vinculada a cuestiones de salud.

“Cuando una persona va al hospital o pide una autorización médica, no va por gusto ni a pedir un favor personal. Va porque necesita atenderse y muchas veces no tiene mutual ni recursos para resolverlo de otra manera”, expresó.

Según relató, su situación se originó a partir de la necesidad de realizarse estudios médicos simples, como un dosaje de sangre y un electrocardiograma, estudios que aseguró no se realizaba desde hacía años.

Sin embargo, afirmó que durante el proceso de autorización se encontró con preguntas que consideró “humillantes e hirientes”, relacionadas con su situación económica y personal.

“Me preguntaron cuántas docenas de churros vendo por día, cuestiones familiares y hasta por qué no le pedía ayuda a la madre de mi hijo”, señaló en el texto.

En ese marco, explicó además que su hijo, de 21 años, padece epilepsia y tampoco cuenta con cobertura médica.

“Uno espera que en un área social lo escuchen con respeto y no sentirse juzgado”, sostuvo.

Almange también cuestionó las demoras administrativas que, según indicó, terminaron retrasando la autorización de los estudios médicos.

De acuerdo a su relato, el pasado 13 de marzo la neuróloga le entregó las órdenes correspondientes, aunque posteriormente le informaron que faltaba una planilla con datos como peso y altura, motivo por el cual no autorizaron los estudios.

En el escrito, remarcó además que, según información médica general, un electrocardiograma común no requiere preparación especial vinculada a peso o altura.

“Mientras tanto pasa el tiempo. La neuróloga vuelve cada 30 días y si las órdenes no se autorizan a tiempo terminamos sabiendo mucho después si los estudios están bien o mal. Estamos hablando de salud, no de un trámite cualquiera”, manifestó.

A lo largo del descargo, Almange insistió en que su reclamo no está dirigido contra la totalidad del personal del área social y destacó particularmente la atención recibida por parte de Irene Loscalzo.

“Cada vez que me tocó tratar con ella sentí una atención humana, respetuosa y con ganas de ayudar. Ojalá ese fuera el ejemplo a seguir”, expresó.

Sin embargo, reiteró que con las otras profesionales mencionadas su experiencia fue completamente distinta.

“Sentí falta de empatía, destrato y cuestionamientos innecesarios en un área tan sensible como salud y asistencia social”, afirmó.

El vecino también dejó una fuerte reflexión sobre el rol del trabajo social y la cercanía con las problemáticas reales de la comunidad.

“¿El trabajo social no debería estar más cerca de la realidad de la gente? Muchas veces parece más fácil esperar sentadas en una oficina a que llegue la persona vulnerable y decidir desde un escritorio si merece o no merece ayuda”, cuestionó.

Finalmente, Almange aseguró que decidió hacer público su testimonio no solamente por su situación personal, sino porque considera que este tipo de experiencias pueden repetirse con otros vecinos que atraviesan dificultades económicas o problemas de salud.

“No busco privilegios ni trato especial. Busco respeto, humanidad y que las autorizaciones de salud no se traben por cuestiones que terminan perjudicando a la gente”, concluyó.

El escrito finaliza con un pedido para que se revise la forma de atención en el área social y para que ninguna persona que concurra al hospital “tenga que volver a su casa sintiéndose humillada”.

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