Hablemos de estafas: el delito que crece mientras nadie habla

Sin rodeos. Sin medias palabras. Hay temas que ya no pueden seguir fuera de la discusión pública, y uno de ellos es el crecimiento alarmante de las estafas telefónicas y virtuales que afectan todos los días a vecinos, comerciantes, jubilados y familias enteras.

Mientras las modalidades delictivas evolucionan a una velocidad preocupante, el silencio institucional también llama la atención. No hubo campañas fuertes de prevención, ni conferencias de prensa, ni comunicados sostenidos alertando a la población sobre un problema que crece día tras día. Y eso también preocupa.

Las víctimas son simples ciudadanos. Abuelos que atienden un llamado creyendo hablar con el banco. Personas que reciben un mensaje ofreciendo premios falsos. Usuarios de WhatsApp que, en cuestión de minutos, pierden el control de sus cuentas y ven cómo utilizan su nombre para pedir dinero a familiares y amigos.

Las estafas cambiaron. Ya no se trata únicamente de cuentos del tío tradicionales. Hoy los delincuentes utilizan tecnología, manipulación psicológica y urgencia para engañar a las personas. Los bancos muchas veces reaccionan tarde, la policía reconoce limitaciones para seguir este tipo de delitos y, mientras tanto, desde muchos municipios el tema parece no formar parte de la agenda pública.

Por eso es necesario insistir con la prevención. Hablar del tema también es una forma de cuidar a la comunidad.

Las modalidades más comunes
Falsos empleados bancarios o billeteras virtuales

Es una de las maniobras más utilizadas actualmente. Los delincuentes llaman haciéndose pasar por empleados de bancos, tarjetas de crédito o aplicaciones como Mercado Pago. Alertan sobre supuestas compras sospechosas, bloqueos de cuenta o problemas de seguridad.

Durante la conversación buscan obtener claves, usuarios o códigos enviados por SMS para vaciar cuentas o pedir préstamos.

Ejemplo frecuente:

Hola, hablamos del banco. Detectamos una compra sospechosa y necesitamos validar su identidad. Le enviaremos un código por mensaje; por favor indíquenos cuál es”.

Con esa información, los estafadores ingresan directamente a las cuentas de la víctima.

Cómo prevenirlo:

Ningún banco solicita claves o códigos por teléfono.
Cortar inmediatamente el llamado.
Comunicarse siempre mediante canales oficiales.
Nunca compartir contraseñas ni códigos de verificación.
El falso premio o beneficio económico

Otra modalidad muy común consiste en anunciar premios inexistentes, subsidios falsos o supuestos beneficios económicos.

Los delincuentes utilizan la emoción y la urgencia para convencer a las víctimas de ir a un cajero automático o realizar transferencias.

Ejemplo frecuente:

Usted ganó un premio de 500 mil pesos, pero para acreditarlo debe seguir una serie de pasos desde el cajero”.

En realidad, la persona termina transfiriendo dinero a cuentas manejadas por los estafadores.

Cómo prevenirlo:

Desconfiar de premios no solicitados.
Nunca seguir instrucciones telefónicas en cajeros automáticos.
Verificar promociones únicamente en sitios oficiales.
No transferir dinero para “activar” beneficios.
Robo de cuentas de WhatsApp

Esta modalidad creció enormemente en los últimos años. Los delincuentes intentan quedarse con cuentas de WhatsApp para luego pedir dinero a contactos de la víctima.

Generalmente llaman simulando ser empleados de una empresa o incluso conocidos.

Ejemplo frecuente:

Te mandé un código por error, ¿me lo podés pasar?”.

Ese código permite ingresar a la cuenta de WhatsApp y tomar el control completo.

Cómo prevenirlo:

Nunca compartir códigos enviados por SMS.
Activar la verificación en dos pasos.
Avisar rápidamente a familiares y contactos ante cualquier intento de fraude.
Contactar al soporte de WhatsApp si la cuenta fue robada.
La prevención también es responsabilidad del Estado

La mejor herramienta sigue siendo la información. Mantener la calma, desconfiar de pedidos urgentes y verificar siempre la identidad de quien llama puede evitar pérdidas económicas enormes.

Pero también es momento de discutir qué rol deben ocupar las instituciones. Porque si las estafas crecen todos los días, también deberían crecer las campañas de prevención, la educación digital y las herramientas de acompañamiento para las víctimas.

Hablar de esto no es generar miedo. Es actuar con responsabilidad.

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