Milei preocupó a los empresarios, que lo vieron errático y desbordado

Javier Milei dejó preocupados a los empresarios que fueron a escuchar su discurso en el Council of Americas y lo notaron desbordado, disperso y errático.

La aparición de Milei en el Hotel Alvear fue la segunda en la semana luego de un retiro de 10 días en Olivos en los que no tuvo agenda ni recibió a empresarios ni dirigentes. Un encierro que obligó al vocero presidencial, Adrián Ravier, a desmentir problemas de salud del primer mandatario.

Ya desde su ingreso al hotel, el presidente dio una exhibición que despertó las alarmas entre los asistentes, que notaron cómo no reconoció a la anfitriona del encuentro, la norteamericana Susan Segal, que maneja el Council hace 23 años.

Milei saludó primero que nadie a Natalio Grinman, titular de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), que es uno de sus principales defensores en momentos en que un sector del establishment, con Paolo Rocca y Héctor Magnetto a la cabeza, estudia la alternativa de Patricia Bullrich. Un sector del empresariado, como se palpó en el Alvear, teme que la experiencia libertaria detone ante la gente el modelo que defiende el Círculo Rojo.

En su discurso Milei volvió a cargar contra el CEO de Techint y dijo que Rocca se benefició con la prohibición de exportar chatarra, una restricción que le permitió comprar insumos en condiciones más ventajosa.

También la emprendió contra Javier Madanes Quintanilla y festejó que 921 trabajadores de Fate se hayan quedado sin empleo: “Tengo a 47 millones beneficiándose y 921 perjudicándose”, dijo en referencia a la apertura del mercado de neumáticos.

“Si queremos ser grandes, tenemos que ponernos los pantalones largos y los prebendarios hijos de puta tienen que quebrar”, dijo frente a los empresarios que lo miraban sorprendidos. “Ustedes tienen que definir de qué lado están”, los desafío Milei.

El presidente dijo que la libertad duele e implica sufrimiento, en referencia a la caída de la industria y la construcción. En la primera fila, cuchicheaban Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, y Martín Rapallini, de la Unión Industrial Argentina, dos de los sectores más golpeados por la gestión libertaria.

“No tiene que moverse todo parejo, no funciona así”, dijo y explicó que las restricciones aplicadas por gobiernos anteriores provocan que ahora “el proceso de apertura se vuelve abrupto”.

Para dar un ejemplo volvió a recurrir a la pandemia. “En la pandemia, si le hubieran puesto precio máximo a los barbijos no se iban a expandir e iban a matar gente por malas políticas públicas”, dijo.

El momento en el que palpan de armas a José Luis Daza

El presidente también negó una crisis en los salarios. “Alguno de ustedes están en contra de que caigan los salarios del sector público?”, dijo con un uso particular de la empatía. “Es cierto que desaparecen empresas, pero son empresas de un empleado, mientras abren otras de 10 empleados”, dijo.

Los empresarios notaron a un presidente errático y disperso, a tal punto que en medio del discurso volvió a cuestionar el aborto legal. “Si una característica del crecimiento es el rendimiento del capital, también tiene importancia lo que pase en el mercado del trabajo y la población. De hecho, estamos pagando muy cara la locura de los pañuelitos verdes”, dijo.

La respuesta del público fue fría: hubo pocos aplausos y en su mayoría provinieron de las filas pobladas por ministros y funcionarios. 





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