Pese a la caída del riesgo país, ¿qué falta para que la Argentina mejore en el ranking regional?

Los bonos siguen rindiendo más que los de varios países emergentes; el mercado todavía mira con desconfianza las reservas, los vencimientos de deuda y el escenario político de 2027.

Aunque el riesgo país cayó más de 1400 puntos desde la asunción de Javier Milei y el Gobierno logró ordenar variables que hasta hace poco parecían fuera de control, la Argentina sigue última en el ranking regional del indicador que elabora JP Morgan y sus bonos soberanos continúan pagando tasas más altas que las de varios países comparables.

La contradicción empezó a convertirse en uno de los principales debates entre bancos, analistas y fondos de inversión ¿qué le sigue faltando al país para dejar de ser visto como un caso problemático dentro de los mercados emergentes y volver a financiarse en el exterior a tasas razonables?

El riesgo país cerró este lunes en 496 puntos básicos, el nivel más bajo desde fines de enero, cuando había tocado las 484 unidades. Milei había asumido con un indicador por encima de los 1900 puntos tras la crisis con la que terminó el gobierno de Alberto Fernández.

El ranking regional elaborado por Adcap que excluye a Venezuela por su situación de default prolongado y distorsión financiera muestra que la Argentina fue uno de los países que más logró comprimir su riesgo país desde fines de 2024: pasó de 635 puntos básicos a 496. Sin embargo, la mejora todavía no alcanzó para abandonar el último puesto de la región.

El spread argentino prácticamente duplica el promedio latinoamericano elaborado por JP Morgan y continúa por encima incluso de países que hasta hace poco atravesaban fuertes tensiones financieras, como Bolivia o Ecuador.

En el mercado sostienen que la explicación no pasa únicamente por la macroeconomía actual, sino también por las dudas sobre la sostenibilidad del programa financiero y político en el mediano plazo.

Desde GMA Capital señalaron que bonos soberanos de países ubicados en escalones equivalentes, como Bolivia, Egipto o Nigeria, operan con rendimientos inferiores al 9,3% con el que cerraron este lunes los títulos argentinos con vencimiento en 2035: alrededor de 8%, 7,3% y 6,8%, respectivamente, aun compartiendo perfiles de riesgo elevados.

Dicho de otro modo, el mercado continúa asignándole a Argentina una penalidad diferencial pese a la mejora crediticia reciente”, explicaron desde la sociedad de bolsa.

El rendimiento de los bonos funciona como una medida de confianza: cuanto más alta es la tasa que exige el mercado para prestarle dólares a un país, mayor es la percepción de riesgo.

Uno de los principales puntos que siguen observando los inversores es la debilidad de las reservas internacionales. Banco Galicia señaló que, aunque la Argentina muestra mejores números fiscales que varios comparables, continúa rezagada en indicadores cambiarios: el ratio entre reservas y deuda de corto plazo se ubica en 0,6 frente a 1,4 del promedio de países similares, mientras que el indicador ARA del FMI ronda el 40%, contra un promedio cercano al 60%.

Los fundamentos macroeconómicos serían consistentes con un riesgo país entre 100 y 200 puntos inferior al actual”, estimó el banco.

En otras palabras, parte del mercado considera que la Argentina ya hizo una parte importante del ajuste fiscal y monetario, pero todavía no logró construir un “colchón” de reservas suficiente para despejar completamente el riesgo de financiamiento externo.

A eso se suma otro factor que empieza a ganar peso en los análisis: el calendario político. Aunque las elecciones presidenciales todavía quedan lejos, varios fondos internacionales ya comienzan a preguntarse qué ocurrirá en 2027 y si las reformas impulsadas por Milei tendrán continuidad más allá de su mandato.

La experiencia reciente también juega en contra. La Argentina acumuló reestructuraciones de deuda, controles cambiarios y crisis de financiamiento durante las últimas dos décadas, un historial que todavía condiciona la percepción de los grandes fondos internacionales.

En ese contexto, la mejora reciente del riesgo país aparece como una señal positiva, pero todavía insuficiente para que la deuda argentina deje de cotizar con una desconfianza estructural.

La baja de los últimos meses, además, fue impulsada por varios factores puntuales: la consolidación del superávit fiscal, la desaceleración de la inflación, la mejora de la nota crediticia de Fitch y la expectativa de nuevas revisiones favorables por parte de otras calificadoras.

Sin embargo, los analistas coinciden en que el próximo paso para acercarse al promedio regional dependerá menos del ajuste y más de la capacidad del Gobierno para acumular reservas, recuperar acceso estable al financiamiento y reducir la incertidumbre política de largo plazo.

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